¿Qué vaso es más adecuado para cada cerveza?

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¿Qué vaso es más adecuado para cada cerveza?

Teniendo en cuenta que en España el año pasado se consumieron 34,4 millones de hectolitros de cerveza -el equivalente a casi 1380 piscinas olímpicas-, es posible que tú, te hayas tomado alguna que otra en las últimas semanas. Si nos lees desde países como la República Checa, Irlanda o Alemania, las posibilidades de que hayas consumido este líquido aumentan, mientras que si lo haces desde Canadá, Dinamarca o Sudáfrica disminuyen, según este anexo de Wikipedia.

Hay factores muy diferentes a tener en cuenta cuando se trata de escoger vasos de cerveza. Algunos son tan evidentes como el grosor del cristal, el soporte de espuma que ofrece o el control de la temperatura -cuanto más toquemos el vaso, más rápidamente se calentará la cerveza por contacto, algo que no pasa con las copas y no es necesariamente malo- y otros mucho más intangibles, como su recorrido histórico (básicamente, lo acostumbrados que estamos a verlo y asociarlo con el consumo cervecero).

Esta es la lista de vasos más comunes para tomar cerveza.

Vaso de tubo

Un clásico de las barras nacionales de a pie, aunque últimamente ha ido perdiendo presencia siendo sustituido por vasos más abiertos. Es un vaso de origen alemán, cuya forma destaca el brillo de la cerveza, facilita la formación de espuma, potencia la malta y el lúpulo y concentra el sabor, lo que lo hace ideal para degustar cervezas delicadas como las lager.
Recomendado para: lager, altbier, bock, pilsener checa, kolsh.

Vaso pilsner

También conocido como pilsen, este vaso es un buen comodín para tomar diferentes tipos de cervezas ligeras, ya que su forma cónica no deja escapar la carbonatación, permite retener la espuma y ayuda a disfrutar de la claridad y los colores de las lager y las Pilsen. Mantienen el sabor y el aroma del lúpulo, así que si te gustan las cervezas suaves y ligeras, harías bien teniendo uno en casa. Cuando este vaso tiene pie, se le conoce como ‘pokal’.
Recomendado para: todo tipo de lager y pilsener.


Vaso de pinta

En realidad el vaso de pinta no es uno sino dos: el Tumbler americano de 475 ml de capacidad -el más habitual- o el Nonic, de casi 600, con un pequeño ensanchamiento en la parte superior que hace que sea más fácil tanto agarrarlo como almacenarlo, pensado para cervezas con más espuma. La versión alemana se llama Becker, y aquí podéis ver una foto de los tres juntos para apreciar las ligeras diferencias. Es uno de los vasos icónicos de los pubs ingleses, ya favorece que se forme la espuma espesa y consistente (mientras provoca el efecto contrario en las de espuma más ligera). Recomendado para: Las ale de estilo británico, porter y stout.


Vaso weizen

Teniendo en cuenta que ‘weizen’ significa ‘trigo’ en alemán, no será muy difícil adivinar qué tipos de cerveza son los ideales para degustar en este vaso. Su forma alargada le hace muy atractivo visualmente, a la vez que permite disfrutar del color, controlar la salvaje espuma de las cervezas de trigo y atrapar su aroma -que recuerda levemente al del plátano-. La mayoría suelen ser de 500 ml con variaciones mínimas, aunque en Bélgica también se usan con menos capacidad (330 y 250 ml).
Recomendado para: pues eso, cervezas de trigo.


Cáliz

Se trata de una copa ancha, de gran capacidad y con paredes gruesas y resistentes. Es ideal para cervezas espesas y de sabor más intenso. Facilita que la cerveza se oxigene, lo que hace que los aromas se potencien. Su forma permite que se forme una espuma que sube por encima del borde, para después bajar y posarse lentamente. Si no se tiene una al alcance, se puede sustituir por una copa ‘oversized’ de las que se usan para tomar vino o gintonic: el efecto será prácticamente el mismo, y también sirve para .
Recomendada para: ales belgas, cervezas trapenses y de abadía, Berliner Weisse, bock alemanas, dubbel, tripel y quadrupel.

Copa ‘snifter’

La copa de cata perfecta.

Si lo que quieres no es beber cerveza sino catarla -que no solo no es lo mismo, sino que es muy diferente- deberías hacerte con una copa AnDer 1.0.

Su capacidad es de 20 cl, pero está pensada para degustar entre 10 y 15 cada vez, de manera que al servirla se pueda generar la espuma necesaria para valorar también este elemento; sirve para todo tipo de cervezas, es agradable al tacto, estable y al tener tallo y no tener que tocar directamente el recipiente conserva el líquido frío más tiempo.

Su forma acompaña en todos los pasos del proceso de cata, desde la comprobación del color y los posos hasta el momento de beberla -su forma de cáliz acelera y ahoga el flujo del líquido en la boca, lo que hace que se concentren los aromas- pasando por el momento de moverla en círculos apoyada sobre la mesa para ver qué tipo de burbujas desarrolla.

Es evidente que no todo el mundo necesita un vaso profesional de cata, pero si te gusta la cerveza artesana o, directamente, preparas la tuya en casa, es una manera muy interesante de poder valorarla con la mejor herramienta.

Fuente: El Comidista EL PAÍS